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En el mes de la herencia Hispana

El mes de la herencia Hispana, de manera especial en los Estados Unidos, se transforma en el espacio que con legítimo derecho se ha ganado este pueblo y comunidad trabajadora. Oportunidad en que mostramos nuestros valores culturales y tradiciones, y enriquece de manera exponencial tanto a la iglesia estadounidense como a la misma sociedad.

Este lugar que dignamente se ha ganado, en algunas oportunidades se relaciona con el activismo político y circunstancial de las posiciones antiinmigrantes como aquellos que los defienden.

En estos momento de grandes dificultades para la comunidad hispana inmigrante, que carece de documentos legales para trabajar, se levantan varias organizaciones, grupos, hombres y mujeres de buena voluntad que buscan defender y abogar por los derechos de estos hermanos nuestros; y al mismo tiempo y con la misma vehemencia se alzan voces que propician un clima antiinmigrante. La existencia de estas dos realidades se exacerba, con mucha frecuencia, gracias a los medios de comunicación, quienes juegan un papel importante en la formulación de pensamientos.

Es importante reconocer que este hecho no es exclusivo de este país, es un fenómeno que afecta a varios países del mundo. Es un legítimo derecho de los refugiados y los perseguidos por sus pensamientos el buscar un lugar seguro. Los países empobrecidos aportan una gran corriente migratoria, porque sus con-nacionales salen en busca de mejores oportunidades que muchas veces, empujados por el hambre y las necesidades básicas, llegan a este país con el solo anhelo de trabajar y alcanzar el sueño y deseo de todo hombre, el bienestar de su familia.

Cualquiera que sea la razón por la que llegamos aquí, es un hecho que no se puede negar. Se desprende una pregunta que con un sentido lógico nos debemos hacer, ¿quién puede negar el espacio a los recién llegados, cerrándoles las puertas y etiquetándolos de personas no gratas?

Por eso es importante pensar mucho mas allá de las celebraciones que se realizarán en muchos lugares de este país. Debemos ser parte de un plan de acción que convoque a una revisión completa de las leyes, y tal como nos han invitado la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, un plan que tenga tres aspectos importantes: la reunificación familiar, legalización a lo que se encuentra aquí y un plan de trabajadores huéspedes.

Incluso, debe haber una campaña que ayude a dilucidar el concepto equivocado que se tiene de la comunidad hispana de los Estados Unidos. Por ejemplo, el tan expuesto concepto de que se trasforman en una carga para el estado y que gastan el dinero de programas sociales. Nadie habla de los aportes positivos que se inyectan a la sociedad.

Los católicos hoy tenemos un gran desafío frente a nosotros, unir de manera efectiva y real la doctrina social de la Iglesia con el desarrollo auténtico y verdadero de nuestra comunidad. Cabe mencionar que este crecimiento consiste en dos dimensiones concretas: la primera, el acceso igualitario y justo a la salud, educación y trabajos dignos. El segundo aspecto es la parte espiritual, de nuestra relación con Dios, que aunque es personal afecta directamente a la comunidad.

Como emana de la carta “El esplendor de la verdad” de Juan Pablo II, la libertad debe someterse a la verdad. No a la verdad que cada uno podemos tener como individuos, sino a aquella que es única y verdadera: La Verdad de Dios. Y es en esta verdad en la que se apoyan nuestros Obispos cuando nos invitan a responder en el nombre de Cristo a los constantes desafíos del mundo moderno, transformándonos en actores y gestores de un mundo mejor para aquellos desprotegidos.

Celebremos nuestra hispanidad con orgullo y con todas nuestras tradiciones, pero que esta celebración esté ligada completamente a una actuación para crear algo que pueda trascender.

¡Viva nuestra comunidad; viva nuestra herencia indígena y española; vivan nuestros bailes y tradiciones; viva nuestra comida! Pero por sobre todo, ¡vivan esos hombres y mujeres que ocultos en las sombras viven aquí! Al reconocerlos como hermanos nuestros, estamos reconociendo la dignidad de Dios que está presente en ellos. ■

¡Feliz mes de la herencia Hispana 2007!


Despedimos a un gran hombre de fe, que sirvió a nuestra Iglesia condedicación y amor

La tarde del martes 25 de septiembre, muere víctima de un ataque al corazón el incasable Armando Figueroa. Armando fue Director Laico del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y trabajó incasablemente durante muchos años, como un constructor de puentes en la Diócesis de Orlando.

Armando Figueroa dedicó su vida a la Evangelización y al Cursillo de Cristiandad.

“Te fuiste con las botas puestas”, dijo Luis Rivera, yerno de Armando. Con la certeza de que Armando Figueroa está en la casa del Padre, disfrutando de la Gloria de Cristo, acompañamos a la familia en estos momentos de dolor y pena. Armando siempre fue un buen ejemplo, padre, esposo, abuelo, amigo y servidor de Dios. Indudablemente que despedirlo no es fácil, pero tenemos la seguridad que está en un lugar mejor y que cuenta con nuestras oraciones.
Que Dios los bendiga y no podemos menos que agradecer a Dios por haber tenido la oportunidad de compartir un espacio de la vida de Armando con los lectores de "El Clarín" a través de su columna mensual del movimiento de Cursillos de Cristiandad.


 

 

 

 

 

 


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